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MUCHACHO EN LLAMAS

ACERCA DEL LIBRO

Sale a la luz por primera vez en 1988.

Tribulaciones, aventuras y desventuras, proyectos y planes de un escritor joven, un adolescente tan enfermizo como impaciente que pretende escribir o vivir una primera novela tan compleja, energética, desesperada y obsesiva como sus propias experiencias.

Todo lo revisa con atención de entomólogo, páginas de su diario personal y casi secreto, anuncios radiofónicos, párrafos subrayados en diferentes libros, letreros urbanos, canciones, apuntes de sus clases universitarias, recortes de periódicos. Nos invita así a sus ensayos de representación, a las pruebas de fuego a las que somete al realismo y a otras escuelas literarias en boga.

Lo acompañamos a sus dudosas victorias y a sus innumerables, enriquecedoras y desconcertantes derrotas.

EDICIONES DEL ERMITAÑO PRESENTÓ ESTE TÍTULO DENTRO DE SU COLECCIÓN BIBLIOTECA GUSTAVO SAINZ

29 de noviembre, 2008
EXPO FIL Guadalajara
Salón: Mariano Azuela
16:00 Horas

Fungió como presentadora: Socorro Arce y el autor.

SOCORRO ARCE comparte sus palabras que preparó para dicha presentación:

Algunos comentarios acerca de la novela MUCHACHO EN LLAMAS.

“El artista es un niño que, al crecer, sigue igualmente expuesto y permeable, poroso y penetrable a los estímulos que lo acosan por todas partes y que, en vez de oponerles la indiferencia del adulto hastiado, se deja entusiasmar y se dispone a crear”.
Julieta Campos


De nuevo Gustavo Sainz con su adolescente experimentado, buscador de elementos que lo apoyen para ser original como novelista, lo mismo son citas de filósofos, de sociólogos, de poetas, como epígrafes en cada capítulo o narración interna, que fragmentos de novela, albures, entrevistas, piropos, declaración de principios, juegos de palabras, recortes de periódicos, canciones y leyendas… por supuesto, algunas de sus lecturas y comentarios que dan cuenta de los pensamientos del protagonista y su crítica a lo que vive, a lo establecido, a la época, al autoritarismo, a los que le rodean.

Las múltiples crisis del protagonista porque no le han entregado la beca del Centro de Escritores Mexicanos, por no encontrar la remuneración adecuada a sus afanes laborales, mientras tanto no ceja en la búsqueda del amor, con mujeres de su edad, muchachas universitarias iguales que él, intentando encontrar lo que sacie un poco su sed de conocimiento, sus carencias afectivas, ese buscar permanente del ser humano de cualquier edad, con la consiguiente pérdida de la inocencia frente al hecho irrebatible de su soledad existencial, del desamor del compañero o compañera que creyeron par.
Es el caso de Tatiana, la novia-vecina de Sófocles, la que comparte, sin saberlo, el amor de él con Mazarika, con la hija de la sirvienta, con la novia del mejor amigo, con la mesera, con equis y griega y zeta.

El personaje siente una necesidad de ser reconocido por su padre y sus afanes de escritor se los muestra, con la esperanza de que lo lea, que lo admire, que lo respete, que lo mire, que lo ame pues. El padre no lo hace, al contrario, le recomienda que escriba como los clásicos, que no experimente, que nadie como los narradores decimonónicos.
Luego nos enteramos que el padre sí lo lee, que le gusta lo que escribe, que se siente orgulloso de su hijo, pero no se lo dice ¿cómo va a reconocer que su vástago lo hace bien?,al contrario, que padezca para que sepa lo que es sufrir y crezca.

“Atrapo varios insectos y luego los suelto: esa libertad bullente es el tiempo.
El tiempo sirve para cambiar”

En este dolor que es la escritura, el personaje habla de la falta de lealtad, de fidelidad, de la falta de sentimientos, de las rupturas en la comunicación, de la integridad, de los principios, de sus deseos de amar, de las huídas permanentes, de sus frustraciones, de la ilusión por la beca, de la maledicencia, de la pobreza de la clase media, de pedir prestado, de vivir en Polanco, del divorcio de sus padres, del llanto de la abuela, de la madre y de la novia, para controlarlo, para manejarlo, de su hastío y de su lujuria, siempre su soledad entreverada, la mentira como parte de su vida cotidiana, su visión masculina de lo que es la mujer, como ejemplo:


“Su madre me impone condiciones a través de ella porque no se atreve a hablarme directamente. Debo ir a la escuela, o por lo menos, trabajar. Tatiana me dice esto casi retándome. ¿Así que soy un “bueno para nada”? Y en su casa no debo de tocar ni uno solo de sus dedos. Y sobre todo no debo tratar de besarla otra vez. No debo ni siquiera desearla. Realmente piensa que lo único que me interesa es acostarme con ella. Y tiene razón, pero no me gusta en su papel de mujer ofendida. Tampoco me gusta su ropa, que tan malamente descompone su cuerpo, ni la manera como se maquilla. Parece que antes de salir siempre jugara luchas con un payaso. O con dos. Aludo entonces a su increíble vulgaridad, oculta hasta hoy por la exagerada vulgaridad de los que nos rodean, pero me confundo pronto, no encuentro las palabras que necesito, estoy obnubilado y casi histérico, me falta algo así como la inteligencia de la fiebre, advierto que puedo perderla realmente.
¿Y en verdad me importa? ¿De verdad me gusta más que todas las otras mujeres que conozco? Ni siquiera puedo responder. Pero reconozco un como sentimiento que huye, o que se repliega, un sentimiento que se escabulle, o se transforma, se encoge, desaparece y reaparece con inusitada frecuencia. ¿Será el amor? Es una especie de ansia, o desesperado nerviosismo que se disuelve a veces, que ni siquiera es permanente. Y lo peor es que no puedo preguntarle a nadie si esto es estar enamorado.
De pronto creo que necesito a Tatiana, pero también tengo ganas de estar solo, a veces prefiero estar solo. A veces me gusta ella, y a veces no. A veces tengo la certeza de que hay otra mujer que me espera en alguna parte. Por lo pronto dejo hablando sola a Tatiana, verdaderamente ofendido.”

Gustavo hace algunos guiños literarios a sus lectores, como sus referencias a personajes de otras novelas, ejemplo “Compadre Lobo” o “Quiero escribir pero me sale espuma” el título tan vallejiano, o las menciones sobre Octavio Paz y Carlos Fuentes, por citar algunos, aunque su protagonista es amigo de Carlos Monsiváis, Luis Guillermo Piazza, José Emilio Pacheco y muchos más, que le dan a la novela esa veracidad necesaria para la realidad del intelectual adolescente sesentaiochero, casi se podría equiparar al adolescente que ha de haber sido el autor. Pero no caigamos en la trampa, el personaje se llama Sófocles.

Unas de las muchas e interesantes páginas de esta novela es la suerte de ARS narrativa que con prolijidad nos cuenta, el decálogo del buen novelista, el decálogo del cuentista, los aforismos y máximas, compendios sabios y didácticos para el aprendiz de escribidor, para el alquimista de la palabra, para la magia del escritor. Las lecturas del protagonista, sus desvelos, sus angustias frente a la página en blanco, todo viene a amalgamar una novela original, mezcla de ensayos, de discursos, de ambientes propicios para que los personajes rompan reglas, se encuentren con el Arte, con los absurdo, con los antivalores, con los valores, con los desgastes, con sus pérdidas.

Sobre el lenguaje, los malabares de palabras, albures, juegos escatológicos, el humor ácido, los chistes, el personaje es un filósofo, su inteligencia al servicio de la literatura, del amor, de la ruptura en la pareja, de la incomunicación entre los padres y los hijos:”El honor debe ser y no es, pienso mientras camino. El honor que me arrancan del corazón y el corazón me lo pisan sin ninguna piedad...”Como telón de fondo el México de los años sesentas, la ciudad universitaria, la preparatoria de San Ildefonso, la cárcel. La sensación de brutal inseguridad en boca del protagonista.

En la novela hay un claro choque cultural de los géneros, ese conflicto de la generación queda muy claro en este párrafo y en muchos más:
“Regresamos y ella empieza a llorar, se siente incomprendida, me la paso agrediéndola. Ella es como un llanto junto a mi oído.
En un momento dado resbala y cae aparatosamente. No la soporto y eso es el colmo. La llamo estúpida y se echa a correr. Cómo corre. Como todas las demás ratas. A éso le llaman la lucha por la vida, pero es sólo miedo. Dudo un buen rato en si ir o no a consolarla, y me decido por subir al cuarto de la sirvienta: en su cuerpo no hay tantos conflictos, quizás porque es más joven o menos letrada.”

Declaraciones al amparo de su ocio creador como “Escribo porque soy demasiado débil. Si pudiera, si tuviera el valor suficiente agarraría un hacha y me lanzaría al mundo a repartir hachazos…”
“El escritor se compromete. Se compromete con la verdad, que es un terreno amplio, pero sujeto a orden. Si no existe ese compromiso no hay obra, su función es crítica de la sociedad y de la humanidad que le rodea” le asegura Usigli.
“De modo que soy un mentiroso casi profesional, como todos.”
“En mi vida he dicho una sola mentira, y con ésta van dos”
“Me reconforta saber que, según estadísticas, una de cada seis personas sufre perturbaciones nerviosas. No soy tan anormal.”
“Lo que para nosotros puede ser un bello episodio para otros es una soberana tontería, o verdadera aberración, celos, abuso de confianza, estupro, violación, normalidad, estupidez.”
El personaje central, carente de afecto piensa en Mazarika: sus 14 años no lo arredran, finalmente Beatriz tenía 12 años cuando el Dante se enamoró de ella y Laura la de Petrarca, tenía 9 años. Tiene fiebre y piensa:
Escribo mientras se calienta la leche.
Por primera vez la fiebre me deja un respiro.
Punzadas en la frente. Debilidad.
He llegado a extremos de histeria a los que nunca creí llegar: azotarme contra la cama, golpear la pared con los puños, llorar sin pausa y casi a gritos buscando mi destrucción, mi aniquilamiento, o cierta forma de exterminación (parcial).
Pero aunque lloro, en el fondo sé que soy de granito.
Es difícil sufrir. O demasiado fácil. Es fácil quejarse. O demasiado difícil, ¿quién sabe?
Pero amar también puede ser difícil. Y amar no es fácil sino bien difícil. El amor puede ser y no es. Creo que necesito vivir enamorado pero ni siquiera sé lo que es estar enamorado, digo, aparte de las ideas heredadas, las campanitas y todo eso.
Amar sin sufrir parece que no es posible. Casi todos están de acuerdo con esto. Es así. Una enorme e incomprensible insatisfacción. Muchas veces tiene que ser así, aunque no me guste.
Como si en mis recuerdos hubiera siempre incendios apagados, devastadores incendios apagados.
“Nada puede hacerse sin la soledad .Yo me he creado una soledad que nadie sospecha” dice Picasso

Se debe volver a hallar en estas páginas ese difícil estado de libertad que es propio de la creación sin límites. Es Sófocles, pueden mirarlo, otra de sus crisis existenciales, ahí está, reflectores, aplausos por favor.

Sófocles sufre, tiene ahora que vivir en la casa de su madre, la madrastra lo piensa incestuoso porque juega con su hermanita de cinco años. Pero cuando la madrastra le sonríe, él le perdona todos sus insultos, Sófocles quiere ser amado.
Sófocles es entrañable personaje, es como reconocer en él a los hombres que las mexicanas estamos a acostumbradas a amar y a odiar por supuesto, es celoso, posesivo, absorbente, manipulador, mentiroso, infiel, desleal, justo todos los antivalores juntos, sin embargo es sonriente, dulce, tierno, cariñoso, apasionado, inteligente, culto, refinado, toda la otra cara del seductor profesional que tanto amamos, tanto nos seduce y tanto nos hace llorar. Terrible dualidad del mexicano en su páramo desolado, el que dice melifluas palabras al oído, entregándose “para siempre” a la misma Susana San Juan en seiscientas más de la comarca, o del latinoamericanísimo Florentino Ariza que posee con toda su alma a Fermina Daza en las amantes sin cuenta, borroneadas en aquel cuaderno sin fin.

Novela de la orfandad del amor, de la soledad de la creación, del despego, del desamor, de las andanzas de un joven escritor , por bares, por burdeles, por la vida que le tocó a cuestas, la ciudad de México y sus extraordinarios paseos, calles, colonias y barrios. La amistad incondicional del hermano elegido: Temístocles, otro personaje que le caracteriza su generosidad para el amigo, su único cariño incondicional, hasta la novia le comparte.

Las mujeres de Gustavo Sainz en esta novela de adolescencia sesentera no logran conmover lo que los protagonistas masculinos, quizás porque se trata de la vida de Sófocles y ellas son periféricas a él. Cobran vida sus amigos, el mundo varonil, sus insomnios, sus pasiones, sus angustias y zozobras por el futuro, por el presente.

La relación amorosa, la erótica, es el leit motiv de la novela, la elaboración de sus sueños, la construcción de utopías, los cambios para el país, sus posturas políticas, todo eso forma parte del ambiente en el que se desenvuelven los protagonistas “Qué delicioso era, cómo me relajaba, cómo me desentumecía. Olvidándonos de nosotros mismos, vaciándonos, o vaciándome en ella…”
“Y luego el infierno: porque por ninguna parte aparecían las tapas del preservativo y si mi mamá las encontraba iba a interpretar y saber lo que hacíamos durante sus ausencias…”
“El calor increíble de su mano, la seguridad que me transmitía…”
Todo ésto con referencias bibliográficas y recomendaciones de cine de autor de aquellos años, hasta restaurantes desaparecidos como “El perro andaluz” refugio de artistas e intelectuales de la época, en la famosa Zona Rosa.
“Los primeros teclazos y ya siento un alivio en el corazón, empiezan a quitarme un gran peso de encima, es como si una gran alegría me estuviera esperando en alguna parte” dice Sófocles, ya le dieron su beca, ahora sí podrá terminar su novela. Se cree capaz de todo. Lo puede todo. Lo sabe todo. Yo coincido con él.
“La dicha de amar es un galope del corazón sin brida, por el desfiladero de la muerte…” Ramón López Velarde.

Socorro Arce
Noviembre 2008.

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Publicado el febrero 17, 2009 a las 12:29pm

Muchacho en Llamas

Muchacho en llamas, de Gustavo Sainz: una novela por hacer

Por Ion T. Agheana

Esta séptima novela de Gustavo Sainz, de cuya imparidad numérica el autor hará un símbolo de incertidumbre vital y estética, empieza con una invocación simbólica que Sófocles, el protagonista, hace al volcán Popocatépetl, a las fuerzas animadas y no animadas de la cultura mexicana, a recuerdos benéficos, a miedos borrosos y esperanzas indefinidas, a su claudicante yo. Acaba con otra invocación, en la que el yo de Sófocles, cristalizado y equilibrado por un experiencia… Continuar

Publicado el febrero 11, 2009 a las 3:00pm

 
 

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